ACNÉ
Habíamos llegado al nacimiento de la “Fuente de San Juan”. Toda la pandilla disfrutaba aquella tarde de primavera por no tener que volver al instituto hasta el lunes siguiente. Pero yo -lo sé- disfrutaba más que nadie, más que todos los demás juntos.
Las paredes de roca tomaban una forma cóncava y hacían entrada a una cueva; el agua manaba cristalina lamiendo las piedras redondeadas y el esponjoso musgo. Fina se había sentado junto a mí en una de las rocas sobre el agua. Tenía el cabello bastante largo, de un rubio muy claro, como los ojos, también de un color claro. La nariz era pequeña, puntiaguda y levantada, como si quisiera mirar al cielo; sus manos, tersas de por sí, se sumergían en el agua y se volvían de una apariencia vidriosa.
Alzó la vista y fijó sus ojos en los míos, como si quisiera decirme algo. Quedé sobrecogido, extático... Hasta que sobrevino el marasmo: - ¿Por qué tienes tantos granos?
Ignacio Sánchez
La solitaria
Si, era lunes por la mañana, posiblemente el peor día de la semana para todos. Y mis amigas y yo como todas las mañanas desde el 14 de septiembre subíamos caminando en dirección al instituto. Íbamos repasando todo el tema de naturales, porque teníamos examen a primera hora y necesitábamos a aprobar ese examen para que nos aprobasen el curso. Por la otra acera iba como todos la llamaban en el insti `La Solitaria' que era la típica chica que no tenía amigos y la que todo el mundo le gastaba bromas y se reía de ella; hasta nosotras lo hacíamos y algunas veces nos sentíamos un poco culpables de ello. Recuerdo la ultima broma que le gastamos: Era pleno verano, el sol brillaba y nosotras estábamos en el parque de la ciudad tirándonos globos de agua para poder soportar el calor que había en aquella época. De repente apareció ella. Iba leyendo un libro mientras con sus cascos de roxy iba escuchando música, por lo que pensamos que no se enteraría de nada. Cogimos todos los globos que nos quedaban y se los tiramos uno tras otro. Como comprenderéis ella quedo empapada completamente. Aprovechamos y le cogimos su mp4. Ella se abalanzó contra nosotras para que se lo devolviéramos y nosotras le agarramos y le mandamos que se tranquilizase. Nos hizo caso aunque no parecía muy contenta después de todo aquello. Empapada y sin mp4. Entonces le ofrecimos un pequeño trato: nosotras nos quedaríamos con su mp4 y a cambio ella se uniría nuestro grupo y tendía unas buenas amigas en las que podría confiar. A regañadientes aceptó y se fue de allí a cambiarse para después poder pasar el resto de la tarde con nosotras. En cuanto la perdimos de vista nos largamos de allí corriendo y la dejamos allí sola. Ahora estábamos allí nosotras subiendo por una acera y ella por la otra cabizbaja; estaba segura de que seguiría estando sola mucho tiempo pero algún día encontraría a alguien que estuviera con ella y la comprendiera.
Graciela Díaz, 2º ESO B
Microrrelato
Estábamos solas entre aquellas cuatro paredes. Sus ojos brillaban como nunca antes los había visto brillar. En sus mejillas enrojecidas se podían apreciar unas pequeñas arrugas, algunas de ellas consecuencia de la edad, otras eran a causa de la gran sonrisa que iluminaba su rostro.
La sala estaba en silencio, el único sonido que se podía escuchar era el pitido de unas grandes máquinas; ese pitido tan característico de los hospitales.
La miré y esbocé una gran sonrisa. Mis ojos se llenaron de lágrimas, todas haciendo equilibrio sobre mi párpado inferior, pero no lo soportaron. Una de ellas resbaló por mi mejilla y mojó su frente.
Tanto tiempo en mi vida, y sigo pensando lo mismo que al principio.
-Mamá, te quiero.
Marina Aramburu, 2º ESO B
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