Rozarse, mujer, al sol,
es rozarse, en toda la vida.
Rozar nuestros labios
eléctricamente,
brillantes los rayos,
con todo el fulgor
de un sol radiante.
Rozarse a la luna,
mujer, es rozarse
en toda la muerte.
Rozar nuestra piel
con toda la luna
pidiendo su ocaso,
gastada y helada
en ocho cachitos.
Natalia Rguez. Mesa, 1º ESO A
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