martes, 31 de enero de 2012

ACNÉ


Habíamos llegado al nacimiento de la “Fuente de San Juan”. Toda la pandilla disfrutaba aquella tarde de primavera por no tener que volver al instituto hasta el lunes siguiente. Pero yo -lo sé- disfrutaba más que nadie, más que todos los demás juntos.
Las paredes de roca tomaban una forma cóncava y hacían entrada a una cueva; el agua manaba cristalina lamiendo las piedras redondeadas y el esponjoso musgo. Fina se había sentado junto a mí en una de las rocas sobre el agua. Tenía el cabello bastante largo, de un rubio muy claro, como los ojos, también de un color claro. La nariz era pequeña,  puntiaguda y levantada, como si quisiera mirar al cielo; sus manos, tersas de por sí, se sumergían en el agua y se volvían de una apariencia vidriosa.
Alzó la vista y fijó sus ojos en los míos, como si quisiera decirme algo. Quedé sobrecogido, extático... Hasta que sobrevino el marasmo: - ¿Por qué tienes tantos granos?